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¿Qué es el Mindfulness? Algunas ideas centrales


Aunque cada vez más personas escuchan hablar del Mindfulness y se interesan por este enfoque, cuesta –debido a nuestra forma de pensar- comprender en qué consiste verdaderamente. En cualquier caso, ninguna explicación va a ser más efectiva que la práctica misma. Todos estos enfoques más contemplativos, no pueden ser aprehendidos si no se complementan con la práctica personal e individual; y es que como diría el Dalai Lama, tú eres el único responsable de ti mism@ y nadie puede hacerlo por ti. Así de contundente, rotundo y cierto es esto. Ahora bien, siempre una explicación puede servir de guía para acompañar la práctica.

Para Kabat Zinn (2011), probablemente uno de los precursores del Mindfulness más importantes en Occidente, “Mindfulness es conciencia, una conciencia que se desarrolla prestando una atención concreta, sostenida, deliberada y sin juzgar al momento presente”; y resalto las características de esta atención ya que el propósito de la misma es la investigación de la propia mente, a partir de una actitud de absoluta apertura. Y si prestar atención de manera sostenida –prolongada en el tiempo- nos resulta complicado, a partir de una actitud de aceptación, es probablemente lo más difícil. Simplemente, porque no tenemos práctica en ello e inmediatamente cientos de pensamientos críticos sobre nuestra propia experiencia nos asaltan y avasallan impidiendo el trabajo de investigación. Para ello, lo único que se puede hacer es volver al momento presente reconociendo los mismos pensamientos, sensaciones y emociones que nos han sacado de esa exploración y que también se pueden considerar como parte de nuestras fugas y huidas.

Por mi parte, hay uno de los componentes de la Atención Plena que me resulta muy interesante. Se trata de la mente de principiante, es decir, de la actitud hacia la búsqueda y exploración interna desde la más sincera ingenuidad. Como si fuera la primera vez que nos acercamos a algo desconocido, con la intención de explorarlo con entusiasmo y falta de ideas preconcebidas. Muchas veces no nos dedicamos el tiempo de observación porque pensamos y creemos que lo que sea que vayamos a ver, ya lo conocemos. Justo lo contrario a la actitud del discípulo que quiere conocer y avanzar. Esta soberbia y grandilocuencia nos impide tener la disciplina (misma raíz que discípulo) de observarnos y practicar la atención plena, creyendo que ya nada nos queda por saber.

A veces utilizamos estas técnicas justamente para el propósito contrario al que fueron destinadas, es decir, para evadir el momento presente, para relajarnos y continuar con nuestra vida como siempre. Y esto son dos cosas diferentes. Otras de las malas interpretaciones que abundan en nuestra sociedad es en relación a la idea de desapego, pero esto es otro cantar. Si bien el Mindfulness recurre a la respiración como una forma de anclarnos en el presente y, por qué no, de relajarnos, no es esto último el fin de la Atención Plena. Si así fuera habría una intención clara de cambiar la experiencia tal cual es, empeñándonos en que sea diferente. Lo importante, y volviendo a Kabat Zinn, es la experiencia de la conciencia, independientemente de cuál sea ésta. Suspender deliberadamente toda actividad externa y abrirnos –tal vez por primera vez- a la observación interior, suele ser una oportunidad extraordinaria.


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