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¿Hablar “a través” de la pantalla o hablar “con” la pantalla?: una sustancial diferencia relacional


Con la pandemia provocada por el Covid-19 las comunicaciones han cambiado de un modo rotundo aumentando la necesidad de intermediación de las pantallas entre los cuerpos. Lo que antes eran reuniones típicas y cara a cara, se han convertido en reuniones en las cuales nos encontramos frente a un ordenador. Ello implica un cambio enorme en relación con nuestras pautas de orientación típicas. No podemos guiarnos por la información sensorial –olor, tacto, perspectiva, etc.- porque está ausente. Tenemos que sostener una conversación con elementos diferentes a los que nuestro cerebro ha estado acostumbrado a relacionarse durante miles de años. No obstante, la realidad se impone y parece no haber vuelta atrás.

También es cierto que tal situación no es nueva. Desde al menos cuatro décadas, el avance de la tecnología digital había estado mediando y transformando nuestros vínculos. Ello ha implicado también enormes ventajas por todos conocidas que creo que pueden advertirse sin ser mencionadas aquí.

Un riesgo, sin embargo, es el comunicarnos de un modo poco comprometido en estas nuevas circunstancias; relacionarnos con la pantalla más que con la persona o las personas que se encuentran del otro lado del ordenador. Hablar con la pantalla puede significar un vínculo des humanizado con quien o quienes están del otro lado; puede implicar relacionarnos con el otro como una cosa; puede terminar produciendo una sensación de falta de implicación e interés en la relación, aun y cuando estemos conectados durante horas. Lo que está destinado a ser un recurso puede, en síntesis, convertirse en un obstáculo para el encuentro entre humanos.

Pero no es el “qué”, sino el “como”. Es evidente que no podemos sustituir la comunicación cara a cara – y respirando el mismo aire- por la comunicación online. Son dos formas diferentes de entablar una conversación. Pero podemos trabajar en todo lo demás que no cambia, independientemente del medio que usemos. Podemos hacer que, aunque estemos mediados por un ordenador, éste sea un medio para la relación y no el fin en sí mismo.

Ello supondría un hablar “a través” de la pantalla y no “con” ella. Implicaría la oportunidad de aprender una nueva forma de comunicación en la que la prioridad no es el medio, sino el fin. Donde lo principal es –vuelve a ser- lo que se dice y transmite, lo que experimentamos con el vínculo profundo que trasciende el medio.

Podemos utilizar la tecnología como un puente que soporte vínculos sanos, inteligentes y fructíferos. Ello dependerá de la actitud con la que nos enfrentemos a las condiciones actuales. Tendremos que re aprender a comunicarnos y buscar lo que nos une “a través” de la pantalla. Es un proceso adaptativo difícil, pero lo que está del otro lado vale la pena.

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