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¿Por qué acuden menos los hombres a psicoterapia que las mujeres?

Aunque cada vez existen menos diferencias sociales y culturales entre los hombres y las mujeres, evidentemente algunos estereotipos permanecen. Estas diferencias pueden apreciarse, también, en el flujo/tránsito de pacientes que acuden a terapia solicitando algún tratamiento psicológico. ¿A qué puede ser debida esta diferencia? ¿Por qué las mujeres acuden más a consulta que los hombres?


En primer lugar es importante decir que aún existe ligeramente la idea, aunque nos neguemos a ello, de que el psicólogo es sólo para unos pocos, para quienes son débiles y no pueden ayudarse o valerse por sí mismos o porque, directamente, son personas poco saludables y disfuncionales. De manera que ir al psicólogo todavía no está tan normalizado como quien pide ayuda a algún otro profesional. La lástima o extrañeza es para algunas personas la primera reacción que muchos aún tienen cuando escuchan a alguien decir que están recibiendo este tipo de tratamiento. Afortunadamente, también son muchos los/as otros/as que comprenden lo necesario que es en algunos momentos este tipo de apoyo, el gran crecimiento que puede suponer y lo favorable que puede llegar a ser.


Ahora bien, los hombres se han enfrentado históricamente con una idea de sí mismos como racionales, sensatos, lógicos, poco temperamentales, estables, objetivos y un largo etcétera a partir de la cual han sido alineados y educados. Esto ha supuesto que durante cientos de años el hombre repita esta misma historia, viéndose a sí mismo como eso y privándose –salvo a un elevado costo- de lo opuesto. Evidentemente, como cualquier estereotipo o norma social, esto no es más que opresivo. Y por más que un sinfín de varones hayan sabido adaptarse a la perfección a esta idea de sí mismos, de éxito y de poder, no deja de ser un tanto desconcertante para muchos momentos vitales.


Sabemos que, en contraposición a lo mencionado, el polo opuesto ha sido relegado a las mujeres, quienes han tenido también que interiorizar una idea de sí mismas como sensibles, inestables, emocionales, cambiantes, irracionales, y un sinfín de otros atributos siempre conectados con la emotividad y el efecto, tales como la escucha, el apoyo, la empatía, la solidaridad y el cuidado. Ellas más cerca de lo emocional, ellos más cerca de lo racional. Son pocas las mujeres, como son pocos los varones, que internamente sienten encajar a la perfección en éstos moldes y que sienten cómodos en ellos.


Por otro lado, encontramos que a pesar de que las ciencias sociales y humanas han sido históricamente gobernada por hombres –principalmente, porque eran los únicos que tenían derecho a estudiar- actualmente son las mujeres quienes principalmente se interesan (probablemente, por todo lo que hemos comentado más arriba) a este tipo de carreras de corte más humana como es la psicología, lo que hace que encontremos menos psicoterapeutas varones en el mercado. Y si bien muchos hombres desean ir a terapia con una mujer (por los motivos que sean), algunos otros refieren preferir trabajar con alguien de su mismo sexo debido a la cercanía, proximidad y entendimiento que esto les genera. Así que, ya sea por el tabú social, los roles y estereotipos del hombre, así como la prevalencia de psicoterapeutas mujeres en el mundo laboral, muchos varones aún prefieren mantener lejos de ellos la idea de ir al psicólogo.


Sabemos que aún muchos varones temen deconstruir la idea de sí mismos que han heredado de sus padres y abuelos, y que la misma sociedad deposita y reafirma en ellos, de fortaleza, estabilidad y sostén familiar y mostrar la vulnerabilidad que a todos/as nos une. Sin embargo, no hay nada más poderoso que reconocerla.



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